Mural en Oventik
"En 500 años se negaron a ver nuestros rostros, ¿Porqué ahora quieren ver nuestras caras? - E Z L N"

1 de Enero de 2010 - XVI aniversario de la Guerra contra el olvido

Vientos de Octubre: la rebeldía…



Los vientos de octubre se desvanecen bajo estos cielos que cubren las dignas tierras. Días lluviosos y húmedos como cualquier sueño adolescente. Décimo mes del año, Octubre, mes rico en aniversarios, en la mayoría trágico.

Octubre, en estas tierras lluviosas y un cielo teñido de rojo, la mirada de la dignidad voltea hacia la historia, hacia la memoria, hacia el…


2 de Octubre de 1968, las calles de la Ciudad de México cubierto por multitudes de estudiantes con un solo grito al unísono: “¡Queremos escuelas, no balas!”, “¡Únete pueblo!”. Cuando cientos de estudiantes fueron masacrados en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco por miembros del batallón Olimpia. Hoy a 40 años de la impunidad, cualquier ciudadano digno sabe que los autores intelectuales fueron y son el Gobierno de Díaz Ordaz.

Ahora, la memoria reposa, bajo el cielo que cubre la memoria de Miguel Enríquez Espinosa, un chileno comprometido con su pueblo, miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), caído en combate contra la dictadura de Augusto Pinochet el 5 de Octubre de 1974.

La dignidad de la memoria, recuerda al compañero y hermano, al más grande de todos los revolucionarios latinoamericanos, a Ernesto “Che” Guevara asesinado el 8 de Octubre de 1967 en la Higuera, Bolivia. A 41 años de su muerte, sus ideales se fortalecen en cada uno de los rincones de América.

Los vientos del octubre rebelde, lleva a la memoria a posarse sobre otros horizontes y el primero en asomarse es la hermosa Guatemala con Turcios Lima y Yon Sosa, más allá encontramos el Amazonas cobijando a Carlos Lamarca con la Varguardia Popular Revolucionaria junto a Carlos Marighella principales opositores de la dictadura en Brasil. Así caminando cada uno de las veredas, caminos, montañas encontraremos ejemplos de dignidad de cada uno de los pueblos.

El calendario de abajo, es muy grande, como la lección que nos han dado los más pequeños de estas tierras, los sin rostro, los que nacieron de la noche. Será otra la ocasión para hablar de otros que nos han marcado el camino hacia una nueva esperanza, así llegará en nuestra memoria y nuestro corazón: César Yáñez en México, Roque Dalton en El Salvador, Carlos Fonseca en Nicaragua, Camilo Torres en Colombia, Inti y Coco Peredo en Bolivia, Raúl Sendic en Uruguay, Roberto Santucho en Argentina, y porque no al gran Víctor Jara que tuvo como única arma una guitarra.

Que nuestra historia se alimente siempre de nuestra memoria.

Porque la memoria no claudica.

Desde El Otro Sur

Balam

Segui leyendo Segui Leyendo

12 de octubre: nada que celebrar. Hoy es el día de la resistencia indígena


Han pasado ya 16 años en que fue tomado esta fotografía, cuando miles de indígenas choles, tsotsiles, tseltales, tojolabales, mames, kakchikeles marcharon por las calles de la Ciudad Colonial de San Cristóbal de las Casas, símbolo del racismo en Chiapas. Fue la primera aparición pública de una fuerza indígena aglutinada en la Alianza Nacional Campesina Independiente Emiliano Zapata (ANCIEZ) que meses después irrumpieran en la madrugada del primero de enero de 1994 bajo el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

16 años en que los indígenas decidieron romper con la tradicional celebración “Día de la raza” o al que ahora le llaman “Encuentro de dos mundos” con la destrucción del monumento del “conquistador” Diego de Mazariegos, fundador de la ciudad, símbolo de la opresión y del racismo. Luego de 5 siglos de una violencia sistemática y explotación gritaron el ¡Ya Basta! en la madrugada del primero de enero de 1994, declarando la guerra al gobierno del Presidente Carlos Salinas de Gortari.

Recordemos que con la llegada de los españoles en nuestra América significó el inicio de la explotación y la opresión de los pueblos indígenas. Así como el saqueo de nuestras riquezas.

Ha llegado la hora de cambiar el rumbo de la historia, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, hoy es día de la resistencia indígena.

Si los de arriba globalizan la represión, nosotros los de abajo globalicemos la rebeldía.

Un saludo a todas las resistencias en cada rincón de nuestro continente, es especial a nuestros hermanos Mapuches, que en estas últimas semanas, la represión por parte de la “socialista” Michelle Bachelet, ha estado a la orden del día, manchando la memoria de Salvador Allende.

Desde El Otro Sur
Balam

Segui leyendo Segui Leyendo

El ocaso de un sistema: El Neoliberalismo


Quien iba a pensar que el propio presidente del Banco Mundial (BM), Robert B. Zoellick dijera que el sistema actual ya no funciona. Que conste que no lo dijeron los guerrilleros del internet, los populistas, ni de los trasnochados ideológicos sino lo dijo el propio presidente del BM.

Umm. Pero parece que esto ya lo habían dicho los zapatistas en voz del Sub Marcos hace 14 años. Los que dejaron pasar desapercibido lo que dijeron los zapatistas, de que el sistema neoliberal, camuflaje del capitalismo salvaje que a través de la globalización de la economía era posible del desarrollo de los países y por ende el desarrollo de la sociedad. Parece haber llegado a su fin.

Cada vez que la reserva federal de los Estado Unidos se arriesga rescatando grandes empresas, comprando deudas, nacionalizando los bancos, revela la gravedad de la crisis del sistema y que no solo afecta estados unidos, sino en todo el mundo. Claro, México no puede estar afuera de eso, si con la globalización de la economía “crearon” un mercado mundial, es obvio que el sistema financiero mexicano es arrastrado por esta ola de crisis.

La actual crisis solo es comparable con la crisis del año 1929, conocido como la Gran Depresión, que poco tiempo después significó el fin del liberalismo de la economía ya el ascenso de lo que hoy es la actual crisis del Capitalismo.

Esta crisis será mucho más grave, si antes solo se escuchaban que las empresas, los bancos y los grandes comercios se declaraban en bancarrota, ahora hasta un país entero como Islandia, uno de los países con mayor nivel de bienestar de Europa.

Hasta ahora no se ha visto lo peor. La sociedad mexicana parecer ser ajena a la crisis que se originó en los EU. Con la disminución del comercio, los flujos de capital, remesas de los trabajadores inmigrantes, turismo será así como le afectará el bolsillo de cada mexicano.

Ahora queda demostrado “El neoliberalismo como rompecabezas: la inútil unidad mundial que fragmenta y destruye naciones”, EZLN, Junio de 1997.

Desde El Otro Sur

Balam

Segui leyendo Segui Leyendo

Che, comandante, hermano, amigo...


8 de Octubre, día del guerrillero heroíco

Che, comandante, a 41 años de tú muerte caminas por las montañas del sureste mexicano con una luz de esperanza.

Che, hermano, a 41 años de tú muerte, vives en el corazón del pueblo latinoamericano.

Che, amigo, a 41 años de tú muerte seguimos luchando por el mundo que soñaste.

Che, camarada, a 41 años de tú muerte sigues siendo un ejemplo a seguir.

Che, compañero, a 41 años de tú muerte sembraste la rebeldía vestido de luna de miel en las dignas tierras mayas de Palenque, Chichen Itzá y Uxmal.

Che, a 41 años de tú muerte, un fantasma recorre el malecón de Cozumel, así como el fantasma de la rebeldía que recorre nuestra patria latinoamericana.

Desde El Otro Sur

Balam

Segui leyendo Segui Leyendo

Los 131 días que conmovieron a México


Luis Hernández Navarro

Entre el 26 de julio y el 4 de diciembre de 1968 se produjo en México el sismo social urbano más importante de la segunda mitad del siglo XX. El epicentro se localizó entre los jóvenes estudiantes de instituciones de educación media y superior de la capital de la República y tuvo réplicas a lo largo y ancho del país. Cuarenta años más tarde, seguimos viviendo sus efectos.

A pesar de la violencia con que fueron sofocadas, las jornadas de lucha del 68 constituyeron, en su momento, la ruptura más relevante del sistema político mexicano en muchos años. Otros movimientos fueron vencidos por la fuerza y absorbidos por el sistema sin pagar grandes costos políticos. No así el movimiento del 68. Su represión generó una fuerte crisis de legitimidad y propició la formación de nuevos actores políticos opuestos a él.

Hoy, el mito del 68 se ha agrandado. Es el momento fundacional de una nueva etapa y el anuncio de la culminación de otra. Es una identidad, una experiencia de crisis que, más allá de la racionalidad, ha generado formas de acción y valores compartidos emotivamente, tanto por una parte de la clase política emergente como por una generación. En esa fecha se establecieron gran parte de los elementos que integran la conciencia pública del México actual. El 68 es no sólo un estado de ánimo, sino un estilo de vida en permanente resurrección.

Edecanes de la XIX Olimpiada Foto Hermanos Mayo/ Archivo General de la Nación. Cortesía de Ricardo Pérez Montfort. Tomada del libro Memorial del 68, editado por la UNAM

La protesta estudiantil tuvo alcance nacional. Afectó aproximadamente a cien universidades, normales, colegios, escuelas, institutos de enseñanza media y superior y centros escolares públicos y privados.

Los protagonistas principales de las protestas, aunque no los únicos, fueron jóvenes estudiantes. Muchos maestros desempeñaron un importante papel. Si bien existían organizaciones estudiantiles permanentes y militantes de partidos políticos de izquierda entre ellos, la gran mayoría de los participantes no tenía una experiencia política previa. La protesta surgió al margen de las organizaciones tradicionales de representación partidaria o gremial.

Los estudiantes organizados políticamente, que antes ya habían participado en luchas, desempeñaron un papel importante en el surgimiento y curso de la rebelión. Ellos habían desempeñado un papel importante en defensa de la Revolución Cubana y en contra de la guerra de Vietnam.

La movilización resumió decenas de luchas universitarias y educativas previas. Las normales rurales, amenazadas desde finales del sexenio de Adolfo López Mateos, lucharon por su sobrevivencia durante los años 60. Esa misma década estallaron conflictos universitarios en Guerrero, Puebla, Michoacán, Durango, Sinaloa, Sonora y Tabasco.

Durante casi cuatro meses y medio, los estudiantes se convirtieron en portadores de cuestionamientos y de ruptura con el régimen de la Revolución Mexicana. Su protesta fue más que una revuelta generacional contra la rigidez estructural que bloqueaba su movilidad social: fue el canal de expresión de una crisis profunda en la sociedad urbana. Muestra de ello fue el pliego petitorio de seis puntos que cohesionó su lucha, integrado por demandas no estrictamente estudiantiles.

Los blancos ideológicos de la revuelta fueron cuatro: el autoritarismo del Partido Revolucionaro Institucional (PRI), el presidencialismo, la ideología de la Revolución Mexicana y el imperialismo estadunidense. Además de la figuras de Emiliano Zapata, Francisco Villa y Ricardo Flores Magón, los jóvenes reivindicaron al Che Guevara, Mao Tse Tung y Ho Chi Min.

El movimiento auspició una nueva forma de pensamiento y de subjetividad política. Los estudiantes crearon sus propias tradiciones de lucha, forjadas al margen de partidos y organizaciones. Propició la emergencia de una cultura política radical, el encuentro entre jóvenes y los brotes recurrentes de malestar social. Dio carta de naturalidad a la consigna de formar una alianza obrero-campesino-estudiantil. Proporcionó una lección práctica sobre la naturaleza del Estado. El Estado como fuerza política única.

Durante la protesta todo ocurrió políticamente, pero ajena a la política tradicional. Lo político irrumpió más allá de una identidad social específica. ¿Hubo una transformación benigna de costumbres y modos de vida? Sí, y la política fue su vehículo de expresión.

La protesta estudiantil se construye en torno a tres experiencias organizativas centrales: el Consejo Nacional de Huelga (CNH), los comités de lucha y las brigadas.

Integrado por representantes de escuela, nombrados en asamblea y revocables, el CNH dirigió el movimiento. Los comités de lucha eran la instancia organizativa en cada escuela, responsables de organizar actividades y comisiones. Las brigadas estaban constituidas por grupos de afinidad, de entre cinco y 10 personas, generalmente las más combativas y militantes.

La revuelta estudiantil de 1968 propició una diáspora en la que muchos de sus participantes se involucraron en la construcción de proyectos políticos, sociales y culturales de izquierda en tres grandes polos: formación y fortalecimiento de partidos políticos progresistas, lucha armada y organizaciones populares de masas autónomas e independientes. El 68 favoreció el surgimiento de un nuevo tipo de intelligentsia, su marcha al pueblo y el desarrollo de una amplia variedad de movimientos sociales.

El movimiento del 68 fue un acontecimiento, en el sentido que Alan Badiou da al término. Fue algo excesivo, espinoso e imprevisible que propuso situaciones nuevas. Un suceso que alteró no únicamente la vida de quienes participaron en él, sino la de muchas otras personas más.

A 40 años de distancia, el discurso oficial sobre los hechos que veía un complot subversivo del comunismo fue derrotado, a pesar de que, en su momento, contó con todos los recursos para imponerse. No tiene credibilidad alguna. Los responsables de la matanza y la represión han sido moralmente condenados.

Se equivocan quienes se despiden ya del 68. Más allá de ser un aniversario más a conmemorar en el calendario cívico emergente, los 40 años del 68 son campo de batalla en contra del autoritarismo y momento de celebrar su victoria cultural. Son una ventana para asomarse a ver la historia que está naciendo. Lejos de ser una mera ceremonia luctuosa o el recordatorio de una derrota, esta conmemoración es parte de un ensayo general para construir otro país. Es el futuro refrescando la memoria.

Segui leyendo Segui Leyendo

Tlatelolco, el infierno

2 de octubre, 40 años de impunidad

Tlatelolco, el infierno

Gustavo Castillo García


Después de los enfrentamientos del 2 de octubre, un grupo de jóvenes vela a uno de sus compañeros muertos en Tlatelolco
Foto Alfonso Talavera

El Frente de Lucha Estudiantil de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) distribuyó un volante en el que se decía: “Tu participación en este movimiento, pueblo de México, es fundamental. No puedes dejar que tus hijos sean masacrados; no puedes permanecer indiferente en estos momentos de crisis; que tu participación directa y decidida haga temblar al gobierno gorila de (Gustavo) Díaz Ordaz, que cada día se ensaña más contra las clases explotadas de México”. No obstante, la masacre ocurrió la tarde de un día como éste, hace 40 años.

Aquel 2 de octubre, en el ámbito político nacional ya se ventilaba la sucesión presidencial y dos de los principales aspirantes eran el general Alfonso Corona del Rosal, jefe del Departamento del Distrito Federal (DDF), y Luis Echeverría Álvarez, secretario de Gobernación.

Winston Scott, quien era el jefe de la estación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) en México, “era un declarado anticomunista que creía que era justificado el apoyo a las dictaduras militares con el fin de impedir que la izquierda pudiera acceder al poder en México y otros países de la región”, según describe el libro de Jefferson Morley, Our Man in Mexico.



Para esa fecha, Luis Echeverría; Gustavo Díaz Ordaz; el general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial (EMP); Fernando Gutiérrez Barrios, jefe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS); Antonio Carrillo Flores, secretario de Relaciones Exteriores; Joaquín Cisneros, secretario particular de Díaz Ordaz; Emilio Bolaños, sobrino del presidente, y Humberto Carrillo Colón, agregado de prensa de la embajada de México en Cuba, estaban al servicio de la CIA como parte de la Operación Litempo, según informes desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, el libro Our Man in México y el documental La conexión americana, producido por Carlos Mendoza, director del canalseisdejulio.

A pesar de ello, la CIA envió a Washington, el 9 de septiembre de ese año, un informe en el que consideraba que “no era posible predecir los efectos del movimiento estudiantil”.

La agencia de espionaje estadunidense contaba, además de la red de funcionarios mexicanos, con unos 30 elementos desplegados en nuestro país. Era la oficina más grande en América Latina, según revelaciones de Philip Agee, agente de la CIA que desertó en 1968, “por cuestiones de conciencia”, tras la masacre en Tlatelolco.

El general Mario Ballesteros Prieto, jefe del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), sería el encargado de poner en práctica la llamada Operación Galeana en Tlatelolco, y al igual que el coronel Manuel Díaz Escobar, era anticomunista.

Ballesteros Prieto y Díaz Escobar habían participado en las negociaciones para la creación de un Sistema Hemisférico de Defensa contra el Comunismo, patrocinado por Estados Unidos.

En Tlatelolco había unos 10 mil soldados, decenas de francotiradores apostados en las azoteas de los edificios contiguos a la Plaza de las Tres Culturas –190 fueron detenidos tras una primera balacera. Este último número de elementos coincide con los empleados de Limpia y Transportes que Díaz Escobar había mandado como grupo de choque al Zócalo el primero de agosto–, reportes oficiales documentan que la mayoría fueron enviados desde un día antes por el EMP.

Según un reporte de la CIA, a finales de agosto de 1968 el movimiento estudiantil había afectado la atmósfera preolímpica.

Los hechos

A las 10 de la mañana del 2 de octubre, en la casa del rector Javier Barros Sierra, los representantes gubernamentales para el diálogo, Jorge de la Vega Domínguez y Andrés Caso Lombardo, “se entrevistan con los representantes estudiantiles Gilberto Guevara Niebla, Anselmo Muñoz y Luis González de Alba; aunque es respetuoso, el diálogo es áspero. La representación estudiantil intenta establecer las tres condiciones previas para que hubiera diálogo: la salida inmediata de las tropas que estaban ocupando el casco de Santo Tomás, el cese de la represión y la libertad de todos los jóvenes aprehendidos a partir de la intervención del Ejército en Ciudad Universitaria.

“Los emisarios señalaron que no aceptaban las condiciones previas al diálogo”, confesó Caso Lombardo al Ministerio Público durante una declaración ministerial en 2003.

Asimismo, “en la reunión con los estudiantes se convino en que el propio 2 de octubre, a las seis de la tarde, se tendría una reunión en el domicilio de Andrés Caso Lombardo (…) pero los trágicos acontecimientos de ese día en la noche modificaron radicalmente la situación”, agregó el propio Caso Lombardo en su declaración.

La masacre

“Llegué a las 4:45 y la plaza estaba casi llena. Subí a la terraza del tercer piso del edifico en el que se hallaban los líderes, sorprendiéndome al ver sólo a unos cuantos. Uno de ellos, que se notaba muy nervioso, dijo que se había demorado porque carros blindados y camiones llenos de soldados estaban desalojando a la gente de la plaza”, escribió Oriana Fallaci, en La Voz de México, diciembre 1968.

El relato oficial contenido en el libro blanco del 68, elaborado en ese tiempo por la Procuraduría General de la República, fue que “a las 5:15 de la tarde empezó el mitin-manifestación en la Plaza de Tlatelolco, estando presentes, en los corredores del tercer piso del edificio Chihuahua, los principales y más agresivos líderes del llamado Consejo Nacional de Huelga”.

En tanto, la crónica publicada en Excélsior (3/XI/68), refiere que “desde una hora antes, centenares de manifestantes –estudiantes, hombres y mujeres, señoras con niños– habían comenzado a congregarse.

“Entre los asistentes cundió el rumor de que había decenas de agentes policiacos, vestidos de civil, entre ellos.”

Luego de la participación de un par de oradores, dos helicópteros comenzaron a sobrevolar la zona. La multitud se calculaba en unas 5 mil personas. Cuando terminaba de hablar el cuarto orador, habían transcurrido escasos 45 minutos.

Para ese momento, Florencio López Osuna, representante del Politécnico, ya había anunciado que se cancelaba la marcha hacia el casco de Santo Tomás.

“De pronto, tres luces de bengala aparecieron en el cielo. Caían lentamente. Los manifestantes dirigieron, casi automáticamente, sus miradas hacia arriba. Y cuando comenzaron a preguntar de qué se trataría, se escuchó el avance de los soldados. El paso veloz de éstos fue delatado por el golpeteo de los tacones de sus botas. Luego inició la balacera”, publicó Excélsior.

El libro blanco del 68 señala: (…) después de varios discursos incendiarios, hacia las 6:15 de la tarde, el mitin terminaba. Algunas unidades del Ejército estaban apostadas cerca de la plaza para impedir que los manifestantes marcharan a ‘recuperar el casco de Santo Tomás’ como habían anunciado días antes”.

Nada dice de las bengalas ni tampoco de que el general José Hernández Toledo supuestamente resultó herido cuando pedía a los asistentes que desalojaran la plaza.

Las crónicas periodísticas refieren que tras escucharse el avance de los soldados “inició la balacera. Con ello la confusión. Nadie observó de dónde salieron los primeros disparos. Pero la mayoría de los manifestantes aseguraron que los soldados, sin advertencia ni previo aviso, comenzaron a disparar.

“Entonces, la Plaza de las Tres Culturas se convirtió en un infierno. Las ráfagas de las ametralladoras y fusiles de alto poder zumbaban en todas las direcciones. La gente corría de un lado a otro”. Los militares se apoderaron del lugar. Francotiradores que después se sabría eran elementos del EMP, habían disparado contra los soldados dirigidos por el general Crisóforo Mazón Pineda.

Sin embargo, el libro blanco del 68 señala que los autores de los disparos habían sido “grupos juveniles armados” y los “francotiradores, casi todos estudiantes”.


Cuando casi concluía el mitin en la Plaza de las Tres Culturas, efectivos del Ejército perpetraron su incursión Fotograma del documental Tlatelolco, las claves de la masacre, producido por el canalseisdejulio

Los enfrentamientos duraron hasta la madrugada del 3 de octubre. Hubo más de mil 500 detenidos por elementos militares, agentes de la DFS y de la Policía Judicial Federal, que integraban el Batallón Olimpia. Fueron trasladados al Campo Militar número Uno, refiere el documento gubernamental titulado Apuntes sobre Tlatelolco, en el cual se afirma que “la actuación del Ejército (…) se ajustó a un criterio de mesura”.

Según este documento, “los elementos que forman parte de los cuerpos de policía, de seguridad y del Ejército, se limitaron exclusivamente a dar garantías a la ciudadanía mexicana y su intervención fue incitada y calculada por quienes han propiciado este movimiento”.

Sin embargo, el informe histórico de la extinta Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado revela que un teniente de apellido “Salcedo, a la orden de Gutiérrez Oropeza, apostó elementos en un departamento de la cuñada de Luis Echeverría en el edificio Molino del Rey, y otros elementos en los edificios Chihuahua, 2 de Abril y en la parte baja de los edificios alrededor de la plaza, incluso de la zona cercana a la Vocacional número 7.

“Conforme a documentos desclasificados de la Sedena, con informes de inteligencia enviados al Departamento de Defensa de Estados Unidos, el EMP, contraviniendo o malinterpretando las órdenes del general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional, utilizó francotiradores para inducir una respuesta armada por parte del Ejército y que ésta se generalizara provocando una masacre que aniquilara el grupo nacional movilizado.”


El 2 de octubre de 1968, miles de asistentes al mitin en Tlatelolco escuchaban a los oradores del Consejo Nacional de Huelga en la Plaza de las Tres Culturas; instantes después, caerían las bengalas y se desataría la masacre Foto Archivo

Oficialmente se contabilizaron 39 muertos civiles y dos militares, el número real de víctimas se desconoce. El general Alberto Quintanar reveló en 2002 a La Jornada, que “entre ocho y nueve camiones de redilas, sin logotipos, se utilizaron para sacar de Tlatelolco los cuerpos de quienes murieron el 2 de octubre de 1968”, los transportes eran similares a los que utilizaba el servicio de limpia del DDF, la oficina que dirigía el coronel Manuel Díaz Escobar

El gobierno de Díaz Ordaz responsabilizó a grupos comunistas de la revuelta juvenil.

Sin embargo, la CIA no tuvo ningún dato que corroborara que China, la Unión Soviética o Cuba tuvieran vínculos con el movimiento estudiantil, pero la noche del 2 de octubre, el embajador de Estados Unidos en México, Fulton Freeman, pidió al general García Barragán que declarara el estado de sitio y que asumiera el poder.

El militar, según sus documentos personales, rechazó la propuesta y públicamente dijo que no se suspenderían las garantías individuales.

Diez días después se inaugurarían las que fueron llamadas Olimpiadas de la paz.


Segui leyendo Segui Leyendo

2 de octubre: imágenes de un fotógrafo del gobierno

MEXICO: PARAISO DE LA IMPUNIDAD

PARA CONMEMORAR LOS 40 AÑOS DE LA MASACRE DE CIENTOS DE JOVENES EL 2 DE OCTUBRE DE 1968. LOS RESPONSABLES DE ESTE CRIMEN DE LESA HUMANIDAD NO FUERON CASTIGADOS PORQUE VIVIMOS EN UN PAIS DE IMPUNIDAD. EL UNICO MIEMBRO DEL GABINETE DE GUSTAVO DIAZ ORDAZ QUE VIVE AUN, ES LUIS ECHEVERRIA. EL REGIMEN DE DIAZ ORDAZ MATO SUEÑOS Y ESPERANZAS DE CIENTOS DE ESTUDIANTES.
¡2 DE OCTUBRE: NI PERDON, NI OLVIDO!... OTRO MUNDO ES POSIBLE... A CONTINUAR LA LUCHA DE LOS CAIDOS DEL 68 PARA LA TRANSFORMACION RADICAL DE NUESTRO PAIS.

2 de octubre: imágenes de un fotógrafo del gobierno
Sanjuana Martínez
Madrid.- Fueron tomadas por la noche. El flash ilumina el primer plano, deja sombras detrás de las figuras que destacan, mantiene el fondo en la penumbra. Son fotografías que fijan en un instante el caos de una fecha histórica para México: ¡2 de octubre no se olvida!.
En una aparecen dos agitados grupos de personas. El primero está integrado por individuos de elevada estatura, corpulentos, iguales, con un mismo corte de pelo de estilo militar, con la misma incomodidad dentro de la ropa de civil. Mismos zapatos negros, mismos guantes blancos en la mano izquierda; algunos, con una pistola en la derecha. La secuencia se desarrolla en un amplio pasillo del edificio Chihuahua, a un lado de los elevadores. Al fondo, los detenidos se agolpan desordenadamente. Son acorralados sin contemplaciones contra la pared. En medio de los hombres armados se encuentran algunos fotógrafos, aparentemente ajenos a la tensión del momento.
En otras fotos se observa a los detenidos en el suelo, mientras son encañonados. Los azulejos de las paredes devuelven el resplandor de los flashes que iluminan los ojos de estupor y miedo de los que están tirados. Entre ellos hay una mujer, en el suelo, como los demás. Los detenidos son conducidos a la planta baja por las escaleras, escoltados muy de cerca, uno a uno. Mojados, asustados, indefensos, algunos muy jóvenes, casi adolescentes.
Los hombres del guante blanco, en su mayoría, posan con naturalidad ante el fotógrafo. Algunos miran de reojo a la cámara, no pueden evitar la desconfianza. Hay cosas que no deberían ser fotografiadas.
Excepcionalmente, uno de los victimarios no es joven. Se encuentra en la madurez y es obeso. Por debajo de su guante blanco asoma un valioso reloj que subraya un nivel económico superior al de sus subordinados. En su mirada, bajo el sombrero pasado de moda, la expresión impasible e indiferente de quien ya ha conducido anteriormente a muchos otros grupos de detenidos. Ordena con la mirada.
También desciende la mujer detenida. Sus custodios le permiten ocultar su rostro al ojo inquisitivo del fotógrafo, mientras es conducida casi en volandas con una prenda de vestir que tapa su cabeza.
La imagen inmortaliza al primer policía uniformado y permite ubicar el lugar de la tragedia. Hasta ese momento, la indumentaria y el rostro de los personajes, la arquitectura del lugar y la violencia exhibida por los hombres del guante blanco han reflejado una escena cualquiera de la represión que sacudió a toda América Latina en los años sesenta y setenta. Los hechos, sin embargo, no acontecen en Buenos Aires, Managua, Santiago, Montevideo o Sao Paulo. En el hombro del uniformado se puede leer: MEXICO.
El drama se acrecienta cuando por la escalera es bajado un cuerpo desvestido y tapado con plásticos y prendas de vestir en una camilla.

Finalmente, en la planta baja, los soldados se hacen cargo de la custodia de los detenidos. Son obligados a quedarse en calzoncillos. Son colocados así, semidesnudos, brazos en alto contra la pared, mientras los soldados contemplan impasibles la escena, y una mujer vestida de civil colabora activamente con los hombres del guante.

Todos contra la pared. Solamente uno se atreve a volver la mirada inquisitivamente. Los demás son obligados a enfrentar el objetivo de la cámara en grupos de tres, ordenada y sistemáticamente, con precisión militar. Sus rostros son ya la más depurada expresión del terror y de la humillación.
De entre todos los jóvenes detenidos, uno es particularmente elegido. Es el más golpeado. Su ropa en jirones sirve para sujetarle los brazos a la espalda y apenas esconde el delgado cuerpo adolescente marcado por los golpes, semidesnudo. Su boca ensangrentada carece ya de expresión; en su mirada no queda ninguna esperanza. Sólo dolor.
Los soldados se dejan retratar, algunos con siniestra indiferencia, otros con obscena satisfacción, mostrando incluso una sonrisa que deja ver un diente brillante.

El valor de las imágenes

No se necesita ser un experto para comprobar que esas fotografías muestran parte de lo sucedido en la noche del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Sin embargo, no son unas fotos más, pues comprueban plenamente la existencia del Batallón Olimpia, cuyos integrantes esa noche se identificaban por llevar un guante blanco en la mano izquierda.

El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz siempre sostuvo que fueron estudiantes quienes empezaron el tiroteo, con francotiradores colocados estratégicamente en los edificios. Esa tesis fue mantenida por los posteriores gobiernos surgidos del PRI.

Durante los últimos 33 años, esa versión oficial fue rebatida en multitud de ocasiones por muchos de los protagonistas y por estudiosos e investigadores. Se recogieron testimonios que hablaban de lo contrario: fueron agentes infiltrados, vestidos de civil, los que iniciaron el fuego indiscriminado.

Los testimonios de muchos estudiantes se referían a las personas que llevaban un guante blanco en la mano izquierda; también hay testimonios de periodistas extranjeros que denunciaron que fueron los hombres con guante blanco los que empezaron a disparar a los estudiantes y los que en medio de la confusión del tiroteo los secuestraron por unas horas en varios departamentos del edificio Chihuahua, donde les confiscaron los rollos fotográficos y las grabadoras.

Estas fotos ofrecen por primera vez la oportunidad de poder ver las caras de los victimarios y muestran en plena acción a los hombres del guante blanco, los integrantes del Batallón Olimpia. Se abre la posibilidad de que por fin sean identificados.

Las fotos también muestran la perfecta coordinación entre las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares, y ofrecen una prueba documental sobre las torturas y las vejaciones cometidas de manera reiterada por militares y policías vestidos de civil.

Demuestran que en los archivos oficiales existe toda la documentación necesaria para saber quién cometió la matanza de Tlatelolco.



El misterioso remitente

Al domicilio de la corresponsal llegó un paquete entregado anónimamente. Dentro de una bolsa negra de plástico, de las que se utilizan para guardar papel fotográfico, había 35 fotos inéditas sobre lo ocurrido en el edificio Chihuahua la noche del 2 de octubre de 1968.

Después recibió una llamada telefónica: Son unas fotos que creo le van a interesar. Son fotos del 68. Fueron tomadas desde dentro por un fotógrafo del gobierno.

Intentó preguntar algo, obtener mayores precisiones, conocer a su interlocutor, saber si era el autor, el fotógrafo: Luego la llamo, fue su lacónica respuesta.

Hubo una segunda llamada.

—¿Qué le han parecido las fotos?

—Me parece un documento estremecedor. Es un material histórico, de gran importancia. ¿Quién es usted? ¿Qué quiere?

—Queremos que salga a la luz pública. Queremos que se haga justicia. Buscamos una dimensión internacional.

—¿Por qué?

—Porque aquí no se va a hacer justicia. Ya vio lo de Digna Ochoa. Las cloacas del sistema priista están intactas.

—¿No confía en el presidente Vicente Fox?

—No. Fox no hará nada. Ya transó con ellos.

—¿Quiénes son ellos?

—Los culpables: los militares, los paramilitares, los policías y los gobernantes que mataron e hicieron desaparecer a cientos de personas.

—¿Pero por qué me entrega las fotos ahora? ¿Desde cuándo las tiene? ¿Las hizo usted?

—Eso no importa. Ahora es el momento preciso. Es cuando hay que sacarlas... ¿Le interesa o no?

—Por supuesto que me interesa. Dígame, ¿cómo quiere tratar el asunto? ¿Cómo le hacemos?

Se ríe un instante. Luego afirma: Supongo que usted entiende que esto es peligroso.

—Quiero saber quién tomó las fotos.

—Las tomó un fotógrafo del gobierno. Yo no soy el autor.

—¿Quién es el autor?

—Pregúntele a Luis Echeverría.

—¿Por qué a él?

—Él lo sabe. Pregúntele por el fotógrafo y por todo lo demás. Sobre quiénes trabajaron la noche del 2 de octubre. Pregúntele quién estaba al mando, por encima del general Hernández Toledo y el general Marcelino García Barragán aquella noche. Él lo sabe todo.

—¿Quiere decir que Echeverría es uno de los responsables?

—Es obvio.

—Él ha declarado que esa noche no estuvo allí Jesús Castañeda Gutiérrez, responsable del Batallón Olimpia y a quien después nombró jefe del Estado Mayor Presidencial, que tampoco estuvo el mayor Francisco Quirós Hermosillo, encargado del Campo Militar Número 1. Sin embargo, en las fotos aparece gente vestida de civil con el guante blanco en la mano izquierda, con aspecto militar...

—Los del guante son paramilitares de Guardias Presidenciales. Un ejército dentro del Ejército. Son gente del Estado Mayor Presidencial. Fueron ellos los que abrieron el fuego contra los estudiantes.

—¿Usted es consciente de que estas fotos desmienten la versión oficial sobre la matanza de Tlatelolco?

—Sí... Llegó la hora de que lo sepan todos los mexicanos. Que lo sepan también en otras partes del mundo, por ejemplo, España.

—¿Por qué en España?

—Porque allí se han investigado otras dictaduras, como las de Chile y Argentina.

—¿Qué pretende conseguir?

—Que se investigue también la matanza de Tlatelolco. La guerra sucia del gobierno mexicano. La desaparición de más de 500 personas ¡Que se haga justicia! ¡Queremos justicia! Aquí es imposible. En México sigue la impunidad.

—¿Quién tomó las fotos?

—Eso no importa, son fotos de adentro. No son de periodistas.

—Insisto, ¿quién tomó las fotos?

—Un fotógrafo de Echeverría.

El Batallón Olimpia

En el libro de Julio Scherer García y Carlos Monsiváis Parte de guerra. Tlatelolco 1968, se publican documentos del general Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa Nacional en 1968, según los cuales el centro de operaciones de las fuerzas de seguridad fue el edificio Chihuahua:

Reunidos en mi despacho, escuché todos los informes y pregunté al capitán Barrios, ¿podremos encontrar en el edificio Chihuahua algunos departamentos vacíos, donde meter una compañía?, Barrios me contestó, déjeme ver; tomó el teléfono y habló con el general Oropeza (jefe del Estado Mayor Presidencial), me pasó el audífono, y le dije a Oropeza que me consiguiera para antes de las dos de la tarde los departamentos que pudiera para meter una Compañía; en media hora tenía conseguidos tres departamentos vacíos a mi disposición, uno en el 3er. Piso y 2 en el 4¼. Piso. Serían las 11 de la mañana del 2 de octubre cuando recibí este informe; se necesitaba para completar mi plan que nada más yo lo sabía, pues el Estado Mayor me indicó que no encontraban la forma de aprehender a los cabecillas sin echar balazos.

García Barragán menciona que la noche del 2 de octubre estaban presentes elementos del Ejército Mexicano dirigidos por el general José Hernández Toledo, del Batallón de Fusileros Paracaidistas, elementos del Estado Mayor Presidencial y miembros del Batallón Olimpia.

En su libro La herencia, Jorge Castañeda le pregunta a Luis Echeverría:

—¿Cuando cae Hernández Toledo —herido el general, la sangre enrojece la plaza—, quién queda al mando de la tropa?

—No recuerdo, pero siempre hay un segundo.

—Se ha dicho que era Jesús Castañeda Gutiérrez.

—No, él estaba en el Batallón Olimpia.

—¿Estuvo en Tlatelolco?

—No sé.

—¿Usted no recuerda si estuvo en Tlatelolco?

—No...

García Barragán cuenta en los documentos publicados por Scherer García:

A los primeros disparos, el Batallón Olimpia se replegó en las entradas del edificio Chihuahua y aprehendió como a 400 individuos, entre los que se encontraron todos los cabecillas del movimiento, descabezándolo con este hecho, que fue el éxito completo de mi plan, aprehender a los cabecillas del movimiento, los que concentramos en la Prisión Militar del Campo No. 1, hoy Álvaro Obregón, para interrogarlos yo e investigadores especiales, para tener información antes de consignarlos al procurador general de Justicia; éste me los pidió para mandarlos a la penitenciaría, pero a mí me interesaba conocer primero que nadie declaraciones de los detenidos, para no tener información deformada o tendenciosa. Hablé con Sócrates y otros cabecillas, y terminada el acta de declaraciones los consignamos, antes había informado detalladamente al Sr. Presidente.

Carlos Monsiváis narra importantes detalles del mitin en la Plaza de las Tres Culturas:

El acto transcurre un tanto somnoliento aunque emotivo. Parte de la prensa, los oradores y la dirigencia del CNH están en el lugar que sustituye al templete, el tercer piso del edificio Chihuahua. Se reclama el diálogo, menospreciado por el gobierno que nada más admite la rendición. Se nota un ir y venir de personas ‘no identificadas’ o identificadas como sospechosos, con un pañuelo o un guante blanco en la mano izquierda. Se concentran en escaleras, pasillos y entradas del Chihuahua. A las seis y diez de la tarde, se disparan desde un helicóptero dos luces verdes de bengala. Casi de inmediato, sin otro aviso que el ruiderío de las botas, sin prevenir o intentar un diálogo, entran miles de soldados...

No hay testimonios de ‘los francotiradores de la población civil’, salvo cinco o seis aventureros que nada significaron con sus pistolillas. Lo otro, lo de la provocación oficial, es avasallador. El fuego es incontenible, con la intervención de ametralladoras y armas de alto poder. Se cierra la Plaza, el Batallón Olimpia detiene a quienes están en el Chihuahua. La gente se tira al suelo, los que pueden huyen, los periodistas se identifican para salvarse; a un fotógrafo, un soldado le traspasa la mano con una bayoneta. Se llama a gritos a los amigos y los familiares, el llanto se generaliza, la histeria y la agonía se confunden.

Mueren niños, mujeres, jóvenes, ancianos. El grito coral que exhibe la provocación se multiplica: ‘¡Batallón Olimpia; no disparen!’ Los policías y los soldados destruyen puertas y muebles de los departamentos mientras detienen a los jóvenes; a los detenidos en el tercer piso se les desnuda, maniata y golpea; a 2 mil personas se les traslada de la Plaza de las Tres Culturas a las cárceles. Queda claro: la provocación no es ajena al plan de aplastamiento, está en su centro.

Varios periodistas extranjeros, entrevistados en 1998 por la corresponsal en París Anne Marie Mergier, para una edición especial de Proceso, narraron cómo vivieron la presencia de esos hombres con guante blanco.

John Rodda, enviado especial de The Guardian, relató: No entendía quiénes eran esos individuos. No se me ocurrió que podían ser policías o militares o agentes secretos....

El periodista británico estaba en el edificio Chihuahua cuando empezó el tiroteo: Estaba tirado en el piso y enfrente de mí, también en el piso, estaba un tipo con la mano izquierda enguantada y una pistola en la mano derecha. Su cabeza tocaba la mía y me daba golpecitos con su arma. Me dio a entender que debía bajar. Era totalmente surrealista.

Añade: Los tipos con guantes blancos entraban y salían. De vez en cuando se llevaban a un mexicano. Había una gritería espantosa en las escaleras. Fue realmente en ese momento cuando entendí que se trataba de policías.

Charles Courrière, fotógrafo de Paris Match, también estaba en el edificio Chihuahua, donde decidió tirarse al suelo para protegerse. No se decidía a levantarse por temor: Y cuando lo hice me quedé estupefacto: Todos los tipos que estaban como yo, tirados en el suelo, tenían un guante blanco en la mano izquierda y una pistola en la derecha. Como hablo español, le dije al que estaba a mi lado: ‘Soy periodista, soy francés’. Me miró y me preguntó: ‘¿No tiene un pañuelo blanco?’ Por supuesto, no tenía. Entonces sacó uno de su bolsillo y me dijo: ‘Póngaselo alrededor de la mano izquierda. Ésa es una señal’ ¿Una señal de qué? —le pregunté—. No me habló más. Me puse el pañuelo y bruscamente comprendí lo que sucedía. Estaba metido entre puros policías. Estaba tirado en una alfombra de policías. Pensé enseguida en las fotos que había estado tomando. Supe que si salía vivo de ese mierdero iba a tener problemas con ellos.

A Courrière se lo llevaron dos hombres con guante blanco a un departamento y en el baño le ordenaron que se desnudara. Le confiscaron todos los rollos.

Fernando Choisel, de la radioemisora Europa Uno, cuenta que en medio del ruido de las ametralladoras algo le llamó la atención: ¿Y qué fue lo que vi en medio de todo esto? Pues a unos tipos vestidos como estudiantes, pero no lo suficientemente jóvenes para ser estudiantes, que se ponen un guante blanco en la mano izquierda y sacan pistolas... Creí que estaba alucinando. Pero me descontrolé aún más cuando los vi disparar hacia abajo, sobre la gente. No entendía si se trataba de un grupo de autodefensa estudiantil que disparaba contra los policías, o policías vestidos de civil que disparaban contra los estudiantes. Cerca de mí se encontraba un periodista mexicano. Le pregunté si esos tipos eran estudiantes. Me dijo que no, que eran policías. Entonces pensé: ‘¡En la madre! La policía tiene al movimiento totalmente infiltrado ¡Va a ser horrible!’.

Al igual que a los otros periodistas, los hombres del guante blanco se lo llevaron a un departamento para liberarlo a las pocas horas.

Guy Lagorce, enviado de L’Equipe: En su rueda de prensa, los estudiantes confirmaron lo que me habían dicho los habitantes de los edificios y mis colegas franceses que habían quedado atrapados en el edificio Chihuahua. Fueron policías vestidos de civil los que dispararon sobre la multitud desde las ventanas, no los estudiantes. Los manifestantes fueron entrampados.

La deuda pendiente

La corresponsal buscó al expresidente Luis Echeverría desde el lunes 3 de diciembre. Emma Hernández le dijo que se encontraba de viaje. Al comentarle que le iba a enviar una foto de un paquete que Proceso publicaría esta semana, me contestó: Usted mándela, nosotros se la hacemos llegar.

La foto fue enviada el mismo día a su domicilio particular, ubicado en Santiago 216, San Jerónimo Lídice, delegación Magdalena Contreras. La recibieron a las 18:30 de la tarde.

Emma Hernández había dicho que Echeverría volvería el 6 o el 7 de diciembre, pero luego simplemente señaló: No estará aquí hasta la próxima semana.

Como secretario de Gobernación, Echeverría tuvo necesariamente que estar plenamente informado del plan utilizado para reprimir a los estudiantes: Responsable por omisión o por comisión de los sucesos del 2 de octubre de 1968, dice Julio Scherer García en su libro.

El líder estudiantil Raúl Álvarez Garín, autor de La estela de Tlatelolco. Una reconstrucción histórica del movimiento estudiantil del 68, escribe:

A estas alturas, la colección de señalamientos de carácter político incriminatorio de unos con respecto a otros, y después de tantos años, ya acumula un buen legajo y es bastante significativa: Echeverría responsabiliza a Díaz Ordaz de los sucesos de Tlatelolco; Norberto Aguirre. Palancares, Corona del Rosal, Rodolfo González Guevara y otros, responsabilizan a Echeverría; Alfonso Martínez Domínguez afirma que el 10 de junio lo planeó y ejecutó Echeverría, pero existen decenas de declaraciones que lo incriminan a él directamente.

A las víctimas del 2 de octubre se les debe una reparación y a los responsables un castigo.

La deuda está pendiente.

Segui leyendo Segui Leyendo