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"En 500 años se negaron a ver nuestros rostros, ¿Porqué ahora quieren ver nuestras caras? - E Z L N"

1 de Enero de 2010 - XVI aniversario de la Guerra contra el olvido

El amor visto desde afuera. (Segunda parte de “El amor, sus modos y ni modos”)

EL AMOR VISTO DESDE AFUERA.
(Segunda parte de “EL AMOR, SUS MODOS Y NI MODOS”)

Junio del 2007.
Morelia, Michoacán.

CAPÍTULO II.- En el que se nos hace saber de las reflexiones que, sobre el amor y esas cosas, hace alguien que se parece extraordinariamente a un escarabajo; en el que el Viejo Antonio cuenta una historia sobre un amor absurdo e imposible; y el que termina con algunas otras miradas que, desde fuera, se asoman a los modos y ni modos del amor.

Por alguna extraña razón, que no conviene ahora tratar de desentrañar, en las montañas del sureste mexicano vive un ser singular y estrafalario. Ustedes podrán decirme que no sólo en el sureste mexicano, sino que en el mundo entero hay seres singulares y estrafalarios, y tendrán razón. Para no ir más lejos, en esta mesa cuadrada, y en el auditorio, abundan y redunda seres singulares y estrafalarios. Pero este ser al que me refiero es, en términos estrictamente científicos, un escarabajo. Es decir, usted puede tomar una de esas enciclopedias que son más difíciles de vender que los partidos políticos electorales (que tampoco es decir mucho) para ver una foto o dibujo de un escarabajo, y luego voltear a mirar a quien ahora le señalo en este retrato ilustrado de Domi y… vea… ¿Le sorprende? Sí, usted ve “algo” que tiene varios pares de manos o piernas, que tiene algo así como una cáscara de alguna fruta (“cacaté”, le dicen en Chiapas) en la cabeza, una tapa de frasco de medicina en una mano, un clip extendido en la otra, una ramita en otra una, algo parecido a una pipa en otra mano (sí, yo también ya perdí la cuenta del número de manos), un lustroso caparazón negro y una especie de cuerno en la cabeza que semeja al de los mitológicos unicornios. Si le digo que es un escarabajo, ¿duda usted de la enciclopedia o de la realidad?

Puede dudar de ambas y no se equivocaría. El ser singular y estrafalario cuyo retrato ha realizado Domi, es un escarabajo que optó por el noble oficio de la andante caballería, y eso que tiene en la cabeza es su yelmo, lo que tiene en una mano es un escudo, una lanza es lo que sostiene la otra una mano, con la otra otra blande la temible espada “Excalibur” (aunque sólo parezca ser una ramita), y, en la que creo es la última mano, lo que parece una pipa es, en efecto, una pipa…”

Así había yo empezado la historia que abre este capítulo segundo de la breve serie, llamada “El Amor, sus modos y ni modos”. Estaba yo contento, no sólo porque había cenado algo, también porque pensé, iluso de mí, que en calma podría yo hablarles de Durito, un escarabajo que encontré en las montañas del sureste mexicano, hace 22 años (que, no es por presumirles mi juventud, es mi edad real y que si me veo un poco más viejo, sólo un poco, se debe tal vez a que me corrieron sin aceite). Estaba yo pensando de contarles que este escarabajo es muy hablador cuando, de pronto, viniendo literalmente del techo del cuarto, descendió, con una servilleta desechable como paracaídas, sobre el teclado de la computadora marca “La Migaja”, el susodicho.

- “¡En la madre!”-, pensé, y digamos que no estaba pensando precisamente en la que me parió, crió y que me han estado recordando, desde que salió la VI Declaración la Selva Lacandona, con mentadas no precisamente de menta.

Durito desenvainó su espada, bueno, trató de desenvainar su espada, porque se le atoró en el paracaídas, que diga, en la servilleta desechable, y dijo:

- ¡“Habladora”, tu abuela! -

Yo no dejé de apreciar que, de pronto, el ala femenina de mi árbol genealógico estuviera apareciendo ya en las primeras páginas, pero, previendo que cayera toda la parentela, incluyendo una tía gorda que hubiera arruinado el teclado, la computadora, la mesita, la casa y sus cimientos, opté por distraer a Durito con una pregunta adecuada:

-¿Y a qué se debe esa entrada tipo “echen paja”? –

- ¡Qué echen paja ni que ocho cuartos!, es que ahora ando en la onda de tropa aerotransportada, digo, para no desentonar con el ambiente belicista que Fecal ha impuesto en el país entero – dice Durito y, mientras revisaba su paracaídas, agregó:

- Mmh… estas servilletas neoliberales parecen programas panistas de gobierno… o sea que no sirven ni para limpiarse el… ¡un momento!, no me distraigas, que yo debía decir un parlamento que he ensayado y ni modo de no decirlo -.

- Vamos, no tienes por qué molestarte -, dije, pero Durito no me hizo caso y empezó a hurgar en su mochilita de campaña, que dicho sea de paso, más bien parecía de ésas que usan los niños para ir a la escuela, sacó unos papeles, murmuró algo, volvió a hurgar en la mochilita, sacó la tapa de frasco de medi…, perdón su escudo, su lanza, su yelmo y su pipa, se vistió apresuradamente, revisó rápidamente los papeles y, adoptando una pose… mmh… digamos que singular, declamó:

¡He aquí que he vuelto, yo, el grande Don Durito de la Lacandona, el más colosal desfacedor de entuertos, al apoyo presto a las féminas en apuros, el terror de los políticos corruptos (o sea, todos), el que venido ha a este mundo para socorrer al oprimido, desencantar doncellas y enamorar diosas!…

- Tu modestia es apabulante -, dije yo como de pasada.

¡Calla y no interrumpas, que ya voy encarrerado! ¿En qué me quedé? -, dijo Durito mientras revisó de nuevo sus papeles.

- ¡Ah sí! Aquí está… Por eso, con verdad declaro, que si alguna desamparada belleza femenina, tiene en el corazón una herida producto de cierta maldad que un despreciable varón le ha hecho, saber debe la agraviada en cuestión que sólo necesita decirme el nombre del agresor para que, súbito, lo desafíe con mi espada y lo haga pedacitos, de tal forma que no va a servir ni para unas albóndigas con chile chipocle.

- Será “chipotle”-, dije yo mientras aproveché la confusión reinante para esconder el tabaco.

- ¡Es lo mismo! Si no es clase de cocina, que buena falta les hace a las damas de hoy en día, sino una buena obra para que justicia obre por mi espada, sabiduría por mi pensamiento y por mi corazón nobleza, para que la acongojada en cuestión deseche atribulaciones y tristezas, y así tome por bandera una sonrisa con la que más tibia será la noche fría, y más acompañada la solitaria soledad -.

- Durito, nadie ha requerido tu presencia. Para las mujeres despechadas, ya están Paquita La del Barrio y Lupita D´Alessio; para los varones heridos, están José Alfredo Jiménez y Pedro Infante, y para los otros amores rechazados, pues algo habrá, cuestión de conocer. Pero, dime, ¿en dónde se ha visto que, para mal de amores, alguien recurra a un escarabajo? -, dije mientras prendía mi pipa.

- Pues mal hacen -, dice Durito mientras enfundó la espada, dejó botados escudo y lanza, y, no sé cómo, porque lo escondí bien, tomó de mi tabaco y encendió su pipa. Después de unas bocanadas, me preguntó:

- Bueno, ¿y entonces para qué me necesitas? -.

- ¿Yo? Para nada. Estoy preparando un escrito para la presentación del libro “Noches de Fuego y Desvelo” -, le respondí, le mostré el libro y agregué, con insidia: - Además, parece que a la hora de hablar se te olvida el parlamento -.

Durito respondió de bote pronto:

- ¡Bah! Ya deberías de saber que, quien es torpe con el habla, suele ser hábil con la pluma y con ella puede hacer temblar no sólo al poderoso, también el tibio vientre de la mujer mejor, de la fémina que espera y busca, como es ley, un caballero andante con quien se hagan de nuevo y de nuevo se crezcan -.

- Y el mentado libro éste, ¿acaso habla de amores y esas cosas? -, añadió Durito mientras se asomaba a la pesada portada del trabajo gráfico y de diseño de Antonio Ramírez y Efraín Herrera.

- Algo así -, dije.

- ¿Y viene la perspectiva de la andante caballería? -, cuestionó Durito.

- Algo así -, reiteré.

- Bien, pues yo lo he de enriquecer con mis sapientes reflexiones, que si alguien es sabedor de amores, velos y desvelos es aquí su servilleta no-neoliberal, o sea que yo sí aguanto un piano -, señaló Durito por entre el humo.

- Lo lamento Durito, es demasiado tarde. El libro está ya terminado, impreso, encuadernado, catalogado con varias “X” en la moral del respetable, vetado por el Yunque, excomulgado por la Santa Sede y prohibido en las librerías a las que acuden las buenas conciencias -, dije.

- Bueno, pues entonces agréguenle una posdata, o un anexo, o mejor conviértanlo en enciclopedia, que mis conocimientos sobre tan lúbrico tema dan para varios tomos. A ver, apunta ahí… -, dijo Durito mientras se paseaba de un lado a otro con varios pares de sus manos cruzadas a la espalda.

Yo me resigné, después de todo él es el caballero andante, y yo su humilde escudero (y, por lo que se ve, también su secretario).

Así que aquí están las primeras (de varios miles, advirtió Durito) reflexiones sobre los modos y ni modos del amor, hechas por un escarabajo aerotransportado:



DEL AMOR Y ESAS COSAS (primeras de 7,777 partes)

Reflexión UNO: El principal defecto del amor es que se acaba.

Reflexión DOS: A la hora del amor, al amor nadie le pregunta su opinión.

Reflexión TRES: Antes del amor, se suelen quemar las naves que después, en el desamor, serán reconstruidas con rapidez.

Reflexión CUATRO: En el amor, fastidia la cercanía continua y desesperan las ausencias extendidas en tiempo y distancia.

Reflexión CINCO: El problema en el amor no es quitarse la ropa, sino quitarse el miedo.

Reflexión SEIS: Al amor nadie lo entiende, pero quienes menos lo entienden son los enamorados.

Reflexión SIETE: El amor es la única búsqueda donde, cuando uno, o una, según, encuentra, se pierde.

Fin de las reflexiones de Don Durito de La Lacandona.


El Viejo Antonio cuenta otra historia
del insolente amor entre la luz y la sombra.

Tomó la lluvia un descanso, y una luna criando luz se retrató en el oscuro espejo de la noche. No en esta madrugada, sino en otra una, hace 10 años. El Viejo Antonio salió de su techo de nylon, miró hacia la creciente herida de luz y luego volteó a verme, apurado como estaba yo desalojando los charcos que la lluvia había formado sobre mi techo y que amenazaban con romper los bejucos que tensaban el plástico. No esperó el Viejo Antonio, el tabaco no esperó, y con la pequeña nube de cigarro y pipa, como antes la lluvia, empezó a abundar la palabra.

“Tiene tiempo ya”-, dijo el Viejo Antonio.

Un viejo sabedor purépecha me contó cómo el amor que parece imposible, suele buscar caminos extraños para darse el beso que anula la dualidad.

Y qué amor más imposible que el de la sombra y la luz, el de la luna y el sol. Y contó el purépecha que sus anteriores cuentan así el imposible suspiro que unió y une a ambos:

El sol, que Curicaueri tiene por nombre, amó y amado fue por Xaratanga, que es como la luna se llamaba. Tanto era su amor y tanto su necesidad de tocarse, que no se separaban. Sufrían entonces hombres y tierras las consecuencias de esa pasión que iba contra todo.

Se enteró Nana Cueráperi, la naturaleza madre, la tierra, el principio y el fin, la más grandiosa y sabedora, y grande fue su extrañamiento, porque, cuando hizo al sol y la luna echó a caminar el cielo, bien que les explicó su trabajo: al sol caminar le tocaba el día, y resbalarse por la noche era la labor de la luna. Pero el amor hecho pasión de ambos incumplía el acuerdo de los tiempos primeros. Enojó entonces Nana Cueráperi y llamó a los dos a su presencia para decirles así:

“Todo hice yo, ríos, mares, tierras y montañas. De árboles, animales y plantas y flores los poblé. Hice después al hombre y a la mujer para que sobre mí y en mí fueran. Pero el volcán vaciaba su ira sobre los valles, mientras zirpiri, el rayo, y hanicua, la nube, se amaban de tal forma que lluvia grande se hacían y el agua lo cubría todo. Para eso resolver, fueron creados ustedes. Xaratanga debía esperar en casa mientras Curicaueri calor daba a la tierra y, con su paso, abriría las flores y crecería, maduro, el maíz que es corazón y alimento de mi gente. Regresando al hogar Curicaueri, la luna debe salir, con su grande compañía estrellada, para ser guardiana del mundo”.

La Luna y el Sol protestaron, pero Nana Cueráperi, la madre tierra, no se conmovió y enojada sentenció: No yacerán juntos, no se unirán sus pieles.

Lloraron los dos amantes irreverentes y de sus lágrimas caídas en la tierra, brotaron raíces, flores y frutos maravillosos. Caminó desde entonces el sol el día, y desde aquel tiempo la luna vigiló la noche.

Pero cuentan también que el y ella, no habiendo lugar y tiempo para a escondidas verse, tocarse y amarse, un rincón le hicieron a la habitación del tiempo donde encontrarse pueden la sombra y la luz. Es por eso que, en algunas madrugadas, la luna deja a lluvias y estrellas cubrirle en la guardia y, vestida sólo de nube, en el abrazo del sol se envuelve y él más luz se hace y ella más se entibiece, y entonces otra una lluvia se llueve, y algo así como un largo suspiro, viento se hace sobre la silenciosa tierra.


Se calló el Viejo Antonio, y, como si tal, un viento inquietó entonces la noche, y la lluvia volvió a reinar, aunque lluvia muy otra me pareció…

Cuando escucho historias de amores inverosímiles, como ésta que me contó el Viejo Antonio y ahora les cuento yo, es que pienso que no sé si dios exista, pero existen los milagros.

Vale. Salud y que, si no tienen lugar, sombra y luz se hagan el mundo que su ansiedad necesita y merece.

Muchas gracias.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Junio del 2007.

P.D. QUE SE ASOMA AL BAÚL DE LA MEMORIA.- De otra madrugada, hace 8 años, cuando los estudiantes y las estudiantas de este país llamado México, en 1999, cátedra de dignidad nos dieron, reaparecen éstas las…


9 TESIS Y UNA CONCLUSIÓN SOBRE EL POLIFANTE Y LA REBELDÍA.

1.- El Polifante, como todos vosotros sabéis porque se estudia en todas las facultades y escuelas, es una especie de elefante múltiple y multiplicada nariz, exponencial en número y distancia.

2.- La distancia más larga entre dos puntos es la recta que no los une, sobre todo si entre los dos puntos hay una pared.

3.- La pared, viene en todos los tratados científicos, es un curioso artefacto que sirve para evitar que haga lo que se le venga en gana ese travieso irreverente que es el viento.

4.- El viento, según revelan recientes estudios estudiados estudiosamente, es un potro obsceno cuya montura es el deseo.

5.- El deseo es inútil si no convoca humedades.

6.- Las humedades, según se sabe, nacen en una calabaza.

7.- La calabaza es la forma que, para protestar contra la ley de gravedad, asume una manzana.

8.- Una manzana no siempre es una manzana, sobre todo de madrugada.

9.- La madrugada es el lugar en donde se desvive el Polifante.

Conclusión: Ergo el Polifante, como la rebeldía, es contagioso.



P.D. QUE LEJOS MIRA.- En una mesa manchada de restos de tabaco y desvelos, un libro de Bertolt Brecht yace herido, abierto en una página donde se lee:


“Cuando yazca en el cementerio
que me traiga la amada un puñado de tierra.
Y diga: Aquí descansan los pies que hasta a mí vinieron
Aquí los brazos que tanto me abrazaron.”



P.D. DE OTROS IMPOSIBLES:


DIÁLOGO IMPOSIBLE ENTRE DURITO Y ROCINANTE.

Rocinante: Bueno, pues sí, se parece usted extraordinariamente a un escarabajo.

Durito: Escarabajo sí, pero no.

Rocinante: ¿Pero no?

Durito: Quiero decir, no sólo. Y usted, parece un caballo y triste parece.

Rocinante: Un caballo sí, triste tal vez, pero no.

Durito: ¿Pero no?

Rocinante: Quiero decir, no sólo.

Durito: Mmh… La vida, los amores y esas cosas.

Rocinante: Sí.

Durito: Se sufre.

Rocinante: Se sufre sí, pero no.

Durito: Y que lo diga…



Vale de nieve de nuez.

El Sup asomándose, en sueños, a la madrugada con ella.